Te veo luego. (See you later 2)

Seguramente que de saber o presentir que como una vulgar perdiz vieja iba a encontrar a mi diseñadora favorita en el bar Zurich, seguramente hubiese desviado el camino hacia Pelayo procurando ser atropellado antes de alcanzar la acera. Estaba harto de diseñadores tod@s vestid@s del mismo confort y con el título concedido en la red por sus colegas emviando corazones a sus pedazos de obras mal cosidas.

Aquellos ojos a pares, de hombres y mujeres, de cada mujer y de un sin número de hombres como estrellas rociadas de lágrimas etílicas que habían visto nacer a toda la ingente multitud de ciudadanos extranjeros con esos ojos de brillo fugaz que da el exceso de sidra ingerida, matiz de luz entre tristeza y alegría que predominantemente hace feliz a las personas ignorantes e incapaces de prever lo que sucederá en la siguiente hora de su vida.

Son testigos de las fiestas de la Mercè y las fiestas de la Independencia, testigos pasivos, contra su voluntad y que regresan una y otra vez a mi ciudad porque estamos en guerra, eso es todo, poca cosa y mucho a la vez, según como se mire, dispuestos cuando menos, a palparla y olerla con el cuerpo y el espíritu,  prestos a cooperar con alguien del país que les escuche y les cuente la razón de aquella lucha, a las órdenes de cualquier fifiriche de partido, consejero analfabeto, amigo cooperante o visionario de derechas e izquierdas que se ha adormecido entre sus cuentas bancarias y respondiendo tuiters.

Todo sabemos que bandera al viento uno enarbola la de ese misterio que es el “amar” y que por suerte las calles y la locura cotidiana e imbecilidad, suman.

Y luego les da por enviar un whatsapp a Munich o a Jerez mientras aprietan el paso y se entrecruzan repetidamente con las mismas personas abrigadas con ropa de diseño o senyeres y que gritan sus deseos no correspondidos. Pero llegan y comprueban que otros han llegado antes y ya lo sabían por tener el twitter, facebook e Instagram siempre en linea, la asamblea era después, quizás corriendo llegarían los primeros y podrían oler el sudor del presidente o lamer con la imaginación el cuarto trasero de   la oreja, pero no deben volver la cabeza o podrían enamorarse; me ha ocurrido a mi viéndola bailar y ya ves, el placer me invade con una aspiración rotunda mientras grito rodeado de piernas desnudas e inquietantes. Y cuando las manos y brazos de aquellos que esconden sus caras redoblan en un esfuerzo de amor a la patria, baja la cortina con el humo de los cuerpos de seguridad y se acaba para mi la función del dia. Pero la recuerdo. Y a esperar.

 

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