La gran batalla 2

 

onna

Muchísimo más ahora que la veo albergue y morada de la luna y la presiento en la misma raíz, cauta y peligrosa, traslado mi temor y de él la visto: a la luna magnificente, una vez que, alcanzada su plenitud muestra su rostro cara de púber y de un salto me deja sumido en la penumbra triste de una noche sin sombras, y huye y deja desamparados los deseos renacidos aún más vigorosos que los sacrificios aportados a mi loor sobreabundante y generoso.  Pero no por esto ahora la temo sino por el hecho simple, sólito que, desde que  sueño y duermo con pensamientos injuriosos, nacidos el mismo día que hallé vacío el lugar donde pernoctaba acompañando los estertores de la luna nueva, los altos árboles sin nombre que rodean y sumen en la oscuridad la plaza Sant Pere…

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